Buenas,
No es más triste el que más solo está, sino aquel que se encuentra delante del espejo y sólo dispara a lo que está más cerca. Me siento como el hijo favorito de un padre ausente, la cruel metáfora de un dios beodo.
Hay algún segundo en que no pienso en ti. ¿Hay algún segundo en que no piense en ti? No es cierto que no sea un estúpido con el título de astronauta, y con ese tipo de preguntas nunca me he atrevido. Callo por no callar esas palabras que cobran sentido en la sustancia gris de otro cerebro y son sinónimo de piedad.
Tengo tanto miedo a enfrentarme con ese demonio que se viste con mi ropa, que estoy seguro de que la puerta de atrás es un lugar placentero. Es sencillo visto de este modo, no todo lo que no es valiente es cobarde. Pero yo soy un cobarde.
Si tuviera alguna explicación plausible para esta arrogancia que me brota en el pecho, si supiera al menos por donde extirparme tus besos, crecería en todas direcciones buscando el asfixiante sentido del ridículo. Soy un payaso que imita un domador de dolores.
Y son muchas más cosas las que a estas horas no digiere mi alma, y son tantos los versos que están dedicados al suicidio, y son canciones lo que suena 'dentro el cráneo'.
Quiero alargar esta noche para que mi viernes sea perpetuo, quiero sentir lo que siento para que mi dolor no se ahogue por completo, quiero mirar la cara del respeto en el fondo de tu espejo, quiero saber que por una vez provoqué tu silencio.
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