Buenas,
Hasta no hace mucho me tenía por un casco azul en la última gran guerra, pero si ya no soy capaz de salvarte para qué diablos voy a seguir pegando tiros en todas direcciones.
Hasta no hace mucho yo era capaz de andar la distancia que separa el éxito del fracaso, esa delgada línea que permite empujar al enemigo hacia una vida de esplendor y decadencia. Recuerdo el nombre completo de tu héroe favorito (que es un yo sin superpoderes).
Me permito el lujo de centrarme en toda esta amalgama de estupideces para no llegar a ninguna parte. Este discurso se encuentra tan agotado que de poco sirve añadir un complemento nuevo. Me rindo y eso es todo lo que voy a añadir de ahora en adelante.
Me rindo de perseguirte tras las esquinas y esquivarte en los pasillos. Me rindo de saquearte el corazón en busca de algo de calor. Me rindo de luchar por una conciencia de héroe de la que carezco. Me rindo de servir a esta patria que tiene nombre propio. Me rindo a saberte distante y cercana, distante pero cercana, distante a pesar de cercana. Me rindo de la necesidad a largo plazo y de los valores apropiados. Me rindo de escuchar lo que debo oír o creer o saber o padecer.
Me rindo ante todos estos datos que me indican sin ningún lugar a dudas que todo eso que deseo no es más que lo imposible y lo no deseable.
Es que resulta que ya no te tengo y me rindo.
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