8 de septiembre de 2009

diecinueve

Buenas.

¿Esto es ser hombre? Dolor a manos llenas. Como un Blas de Otero en la cornisa, salto desde el edificio más alto, que aún no han derribado, con mis grandes alas de cadenas. Y por un segundo creo volar, y por un segundo floto en la bruma de la inconsciencia. Luego, muerte y dolor (esto es ser hombre).

He alzado tantas veces las manos para que tú me las cogieras que ya no siento las yemas de los dedos. ¿Qué clase de dios eres tú? Eres de esos dioses a los que les basta con aparecerse a los pastores portugueses. Es en estos días, en los que te sacan resucitado (como si alguna vez hubieses vivido) por las calles, en los que con más ansias busco putas para sustituirte -sabes perfectamente que nunca me importó pagarte-. Tú siempre me cobras de más.

¿Qué? ¿Ahora tienes la duda de si estoy hablando de ti o si es un homenaje de semana santa? ¡A la mierda los formalismos! En mi cuento tú siempre eres la puta, la que acaba cobrándose todo el cariño que ha invertido. Nunca follaría contigo sin pagarte.

¿Esto es ser hombre? Ser y no ser fugitivos. He abierto los ojos tantas veces y tantas veces he mirado hacia arriba (o hacia a ti, que no siempre estas arriba) que en mi cerebro sólo se procesa el color verde. Y son estas el tipo de cosas que te empujaron a empujarme. ¿Te das cuenta que llevo todo el rato hablando de ti como si ya no me importases? Pues no te equivoques, me sigues doliendo, sigo pensando en ti cuando me masturbo, cuando miro la fotografía de una actriz porno. ¿Ves? He vuelto a caer en el vicio de empequeñecerme.

¡Qué profundo es el sueño profundo! Alzo la mano y tú me la cercenas, abro los ojos, me los sajas vivos, sed tengo y sal se vuelven tus arenas. Te comparo con el dios de Blas de Otero y lamentablemente la conclusión es la misma: esto es ser hombre (dolor, ser y no ser); ser un ángel con grandes alas de cadenas.