Buenas,
¿Oyes la música? No, estas demasiado lejos y ausente. Me recuerda a ti, casi podría decir que eres tú con otro nombre. ¿Me oyes a mí cuando grito? Se me apaga la voz y cuando vuelvas seré mudo, mi verso será la mano sobre el rostro. Aun no he tenido tiempo de sentirme solo. Comprende que te eche de menos en otro momento, ahora todo lo que nos separa es trabajo e ideas (que es otra manifestación del trabajo).
No sé qué quiero decirte, pero escucha la canción, que habla de ti y, quizá, contenga la solución a este problema mal definido. Cuando clavarme puñales no me consuela. Ya quisiera abarcarme lo suficiente para encontrar la almena desde donde verte.
Si supieras que esto que te digo tiene algún sentido (para mí) y que, confuso, avanzo cada día en una dirección que tarde o temprano me conducirá a ti (mi destino, mi llegada). Si pudieras, silenciando el mundo, percibir mi voz, un breve instante y, así, separarme del mundo.
Créeme, el cielo no se merece ni un solo segundo (aunque allí también sea gris), no se lo merece. ¿Puedes oír mi canción? Está en mi cuarto y suena para ti, porque ya no sé estar más triste.
Porque ya no sé estar más triste, llevo un año escribiéndote miles de cartas en dirección tu frente. Por eso llevo más de un año esperando que la respuesta no sea la patada en el cráneo y el insulto en los cojones. Pero va a ser que aunque nunca me entiendas, todo lo que digo se te grava en la memoria y el día menos pensado respondas, creyendo ser yo, que una sonrisa te romperá la faz como la flecha te rompió el sitio del alma.
15 de febrero de 2008
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