12 de noviembre de 2007

diez

Buenas,

He estado viendo como caía la niebla sobre el castillo toda la tarde, ¿qué será lo que has visto tú esta tarde?, ¿y qué viste ayer? Yo ayer fui castillo al que la niebla cubría, al que la niebla inundó todas sus habitaciones. Y hoy tengo ganas de llorar.

Me he perdido en tu mundo, que sin guía se hace enorme, no he visto ni uno sólo de mis recuerdos. He caminado durante siglos, pero sólo he descubierto la palabra "salida" y he salido. Nado entre mis lágrimas, mientras, te veo desaparecer en el tumulto de las avenidas. Me ahogo entre mis lágrimas, mientras, tu voz se extingue entre los ruidos de ese manantial de personas.

Miro de nuevo al castillo que ya no es castillo sino colina de humo, y cierro los párpados a mí mismo y trato de pensar sólo en lo que se podría ver desde tus ojos: no me veo. Abro los ojos al reflejo en el cristal, hasta aquí no llegas niebla, esto no puedes borrarlo. En la ciudad cae la noche, en la mía al menos, y todos esos que desconozco encienden sus luces, para que se les vea desde fuera, y yo apago la mía, para que no me pueda ver.

Arde Jaén desde el cielo, como si fuera noche de hogueras. Arde Jaén en la noche silenciosa y se paran los relojes de la catedral. A lo lejos sólo será luz de día, la niebla que nos vence, y cerca el eco atrapa cada rayo que disparan desde el cielo.

Ya es de noche, aquí y en cualquier otra parte. Yo cogeré el coche camino de un sueño que anda y tú, perdida ya del todo en tu rutina, alzarás la mano para alcanzar otro libro nuevo que describa la dirección de la estrella más cercana.
Me hago cargo de que, aunque quisieras, no vas a poder preguntarme si he necesitado llorar en tu hombro o es que sólo sé crecer del mismo lado.

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