Buenas,
He fingido durante tanto tiempo, que desde ayer he comenzado a creerme mucho más fuerte de lo que soy. Y, crecido como me siento, construyo un edificio tan alto que para terminarlo deberé vivir algo así como mil años, y no puedo. Es, entonces, en este momento cuando puedo verme perfectamente diminuto, del tamaño justo de mi "fuerza y resistible" y concluyo que todo se me va a hacer cuestarriba.
Pero sigo fingiendo que soy grande para que tú me veas grande y, así, yo pueda verme reflejado en ti como un autentico titán (porque tengo tanta hambre como un autentico titán).
Me rindo, necesito que seas pequeña para que pueda ser, un rato, enorme. Lo siento, necesito verte minúscula para no ahogarme frente a esta necesidad de que el espacio se extinga. Pero acepto la lucha que dirima quien es más fuerte. Una lucha en la que perder suponga la muerte, no la mía o la tuya, sino la del monstruo que posee el cuerpo diminuto.
Pero si venzo, si logro derrotar al gigante que brama, correré en todas direcciones con la intención única de perforar el planeta con un agujero en la capa del mito. Y me conocerás como una eterna maldición.
Hablándome sin escuchar me doy cuenta de que se va haciendo necesario que rompas sobre mi cabeza todos esos ladrillos que me afano en poner entre mi centro y el resto del mundo. Que, como no averigüe un final perfecto, voy a acabar el resto de mis días en el calabozo de los sueños que se cumplen tras el velo. Y nadie se merece esto.
Deja de desearlo como a un billete de muchos euros.
9 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Perfecto. Una belleza. Tendría que leerlo de nuevo para hacer un comentario más racionalista. No sé si se podrá.
Publicar un comentario