28 de agosto de 2007

siete

Buenas,

Hoy me he marchado con otra, he ido a su casa y hemos hecho el amor. Deseaba su cuerpo, deseaba poseerla, que ella me mordiese y que yo la mordiese. Ansiaba sentirme enorme entre sus piernas y saberla, por un instante, derrotada y expectante. Quería que una desconocida sintiese la necesidad de mí en su vientre, que quisiera arrancarme la ropa y que su cuerpo se humedeciese con mi cuerpo.

Esto es todo. He deseado a otra persona y casi ni me he acordado de ti. He follado un buen rato con una desconocida sin importarme si la quería, sin tener que pensar que es lo que debía decir. Ella estaba allí y quería follar, yo estaba allí y también quería follar. Así que follamos, eso es todo. Tú, mientras, estabas durmiendo y soñando con cielos de colores, con elefantes indios subidos a grandes bolas de plástico.

Hay veces que la vida se deja guiar por un sentimiento sombrío que sólo responde a unas leyes extrañas. Esto no es una excusa, ésta puede ser la mejor de las explicaciones que se me ocurren. Si el cuerpo tiene hambre, come. Si tú quisieras matar a cien mil ciudadanos sólo te bastaría con pilotar el avión que tiró la bomba sobre Hirosima.

A veces uno se siente tan culpable de lo que está apunto de hacer que todo se mancha por ese sentimiento y acabas confundiendo lo hecho con lo que sentiste. ¿Que qué quiero decir con esto? Que por muy sucio que me sienta en este momento, todo ha sido mucho menos doloroso de lo que lo recordaré durante el resto de mi vida, de lo que tratarás de hacerme creer y que creeré.

Comienzo de nuevo. He hecho el amor con una desconocida con el único fin de sentirme un poco menos pequeño de lo que soy y, así, hacer callar a las voces que, dentro de mi cabeza, me espetan para que haga todo aquello que, en su día, hiciste.

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