27 de abril de 2007

uno

Buenas,

Puede parecer triste escribirte cuando podría estar viéndote, tomando un café o riéndome contigo a solas en un sitio cómodo. Puede parecer patético autoexcitarme observando fotografías eróticas de mujeres imposibles que utilizan aparatos que de poco se parecen a mí. Estar solo no es un estado, es una forma de entender el mundo (o la selva, que en más de una ocasión son sinónimos). Pero no hablo de un mundo subjetivo, personal e idiosincrásico, sino que me refiero al mundo global, a la vida en sí misma. Son tantas las probabilidades y tan pocas las posibilidades.

Es triste apenas conocerte y aún así confundirte por la calle con cualquiera, compararte en casa con todos (y que salgas ganado siempre por tu ausencia que me acompaña entre nadie). Triste ser un miserable ser humano que tiene la capacidad de abarcar todos los defectos de los hombres (y de las mujeres, debe decirse ahora), sentirse tan solo estando tan acompañado en un mundo tan poblado (miserables jugando a ser miserables). Y, a pesar de todo, no recordar tu cara, ni tus ojos, saberte ajena, lejana y mía. Un oído que escucha una boca que no piensa. Unos dedos que no sienten que recorren un cuerpo que no sabe donde tiene sus miembros.

Todavía triste por mi tristeza, todavía viviendo porque respiro (que si ceso se me olvida que vivo). Soy triste y decirlo me apena y me agota, pero sigo triste para decirte que te busco y para decirte buenas para que me escuches, que me mires, para sentirte ausente, distante y permanente. Y más triste aún (y sin guitarra) cuando canto un tema que me hiere y que lo mato, como a un enemigo le hago el amor a gritos. Me rompo la voz de no tener motivo para callar otro suspiro.

Pero, sobre todo, triste porque solo me siento tan a gusto que no te hecho de menos y te olvido si no escucho tu canción, si no habla mi vecina por teléfono, si no golpean a mis tímpanos el silencio de estas cuatro paredes. Triste de no recordarte y de no confundirte con todos esos que no importan (podrían no estar ahí o estar detenidos en el tiempo o estáticos e impertérritos) porque tú ahora tampoco importas y no eres nada. No me siento vacio, no encuentro huecos de alma y no me llena nada que se parezca a ti o a otro ser humano o persona (que no siempre son lo mismo).

Casi podría decirte que estoy triste porque solo me siento pleno. Nada me es imprescindible (ni el aire ni el silencio ni un pensamiento) ni siquiera necesito que escuches y asientas. Al fin, solo y triste, puedo estar tan triste como solo.

No hay comentarios.: