Buenas,
2 de noviembre de 2010
veinticinco
7 de septiembre de 2010
veinticuatro
Buenas,
1 de septiembre de 2010
veintitres
Buenas,
11 de agosto de 2010
veintidos
Buenas,
17 de junio de 2010
veintiuno
Me encuentro en el punto exacto donde empieza todo. Ya quisiera, mirando al vacío, ser capaz de dirigirme hacia el lado correcto. ¿Y tú, cuánto sabes de mi?
He recordado el momento preciso en que empezaste a descreerme. Por mucho que lo niegues sé perfectamente hasta donde llega la palabra maldad, te miré a la cara antes de ceder.
Casualmente he regularizado mi situación en el anverso de tu memoria, con el permiso que expiden me colaré en cada uno de tus sueños para robarte a escondidas todos mis recuerdos.
Si fuera capaz de decidirme, mi opción principal sería la incomunicación rotunda, la ruptura con todo lo que signifique tu presencia. ¿Hasta qué hora estarás llamando a mi portal? Bajaré cuando crea conveniente que se me pueda ver. Estoy convencido de que si me tocan me voy a romper y no soy capaz de soportarlo de nuevo.
Sé cual es el motivo principal de esta urgencia por saberme en alguna parte, necesitas tirar la piedra en una dirección y esta vez quieres asegurarte que lleve buen tino. Por eso no te preocupes, ya tendré la habilidad suficiente de colocarme bajo la locura.
Es la lluvia lo que me impide dirigirme a ti con voz malsonante. ¿Crees que hice bien en despedirme de mi puesto de parado? Ahora me encuentro en una lista para participar en las olimpiadas de la pereza y estoy casi convencido de representar a mi propio país (te llevaré como abanderado).
El resultado es, como siempre, la vuelta que se le da a la tristeza de homenaje póstumo. Una pequeña pausa para reírme de tus ocurrencias y vomito de nuevo. No cesaré de ser el jefe hasta que me vea humillado, el dolor va a ser tan fuerte que estaré gritando los días que hagan falta.
Todo lo extraño cobra un sentido en este camino que se dirige a ninguna parte, por lo que te podré decir que resuelvo que te cases conmigo para ver si una vez por todas soy capaz de olvidarte.
20 de octubre de 2009
veinte
Hoy ha llovido tanto que hubo necesidad de ponerse las alas todoterreno. No era la típica tormenta que cae tras el arco iris, las gotas eran tan parecidas a mí que no me atrevería a afirmar que fuera yo el de detrás de la ventana.
La de cosas absurdas que se pueden inventar, como el plato convexo o las botas de montar a fregona. Hay veces que me imagino haciendo realidad todas esas metáforas, imágenes absurdas de un subconsciente aburrido, que bailan por entre mis cartas, y esta idea me divierte: como verme pegado a una pared de color carmesí o verte vestida como una campanilla con tacones.
Hay tantas cosas que deberían ser de otro modo que por mucho que me esfuerce nunca me acostumbraré a verme fichando en el panel de la monotonía. ¡Joder! Esta sí que es una frase profunda y no todas esas que se empeñan en decir los que se suben a los púlpitos. Yo me encuentro excesivamente cómodo en esta sombra que produce el reflejo de la pantalla.
Como ves sigo dando rodeos para decir todo aquello que no se me ocurre. Bueno, creo que, en definitiva, lo que quería decirte esta vez es que me gustaría que alguna vez te autoinvitases a mi cama, que entrases en mi alma derribando las puertas sin tocar el timbre.
Ves que sencillo es decir lo que pienso, no como esos segundos interminables que se sufren antes del te quiero. ¿Y tú qué piensas de todo esto? Y no hay respuesta, pues la mirada en la espalda no siempre significa fuego.
Continúo una vez más repitiéndote lo mismo. ¿Cuándo llegará el día en que, cara a cara, me dirás que desaparezca? Entonces seré el mejor Hudini que conoces, polvo seré entonces (más polvo…). No, entonces seré el rayo que te parte en dos, el dolor de muelas del adolescente, la bulba que palpita de herpes. Sí, te verás obligada a gritarme y a pegarme, a pedirme perdón para que pare y huyas, miedo seré entonces.
Bueno, ya me he sacado los demonios de la cabeza, ahora puedo decirte que te sigo queriendo y que a ver cuando te autoinvitas a mi cama.
8 de septiembre de 2009
diecinueve
¿Esto es ser hombre? Dolor a manos llenas. Como un Blas de Otero en la cornisa, salto desde el edificio más alto, que aún no han derribado, con mis grandes alas de cadenas. Y por un segundo creo volar, y por un segundo floto en la bruma de la inconsciencia. Luego, muerte y dolor (esto es ser hombre).
He alzado tantas veces las manos para que tú me las cogieras que ya no siento las yemas de los dedos. ¿Qué clase de dios eres tú? Eres de esos dioses a los que les basta con aparecerse a los pastores portugueses. Es en estos días, en los que te sacan resucitado (como si alguna vez hubieses vivido) por las calles, en los que con más ansias busco putas para sustituirte -sabes perfectamente que nunca me importó pagarte-. Tú siempre me cobras de más.
¿Qué? ¿Ahora tienes la duda de si estoy hablando de ti o si es un homenaje de semana santa? ¡A la mierda los formalismos! En mi cuento tú siempre eres la puta, la que acaba cobrándose todo el cariño que ha invertido. Nunca follaría contigo sin pagarte.
¿Esto es ser hombre? Ser y no ser fugitivos. He abierto los ojos tantas veces y tantas veces he mirado hacia arriba (o hacia a ti, que no siempre estas arriba) que en mi cerebro sólo se procesa el color verde. Y son estas el tipo de cosas que te empujaron a empujarme. ¿Te das cuenta que llevo todo el rato hablando de ti como si ya no me importases? Pues no te equivoques, me sigues doliendo, sigo pensando en ti cuando me masturbo, cuando miro la fotografía de una actriz porno. ¿Ves? He vuelto a caer en el vicio de empequeñecerme.
¡Qué profundo es el sueño profundo! Alzo la mano y tú me la cercenas, abro los ojos, me los sajas vivos, sed tengo y sal se vuelven tus arenas. Te comparo con el dios de Blas de Otero y lamentablemente la conclusión es la misma: esto es ser hombre (dolor, ser y no ser); ser un ángel con grandes alas de cadenas.
8 de junio de 2009
dieciocho
Caminar por la calle últimamente no se me da muy bien, ya sabes, todo se puede condicionar. Hoy yendo por un barrio que ya ni recuerdo, cuando el desasosiego se apoderaba de mí, de repente una voz me ha sacado de tu mundo que me pudre. Una canguro sudamericana iba cantando por la calle. Correré el riesgo de parecer estúpido pero me inundo un calor casi irreconocible.
Ya no recuerdo la última vez que me descubrí cantando por la calle. Casi olvidé la melodía de aquella canción que nos acompañaba. Pero la vuelvo a cantar, y es lo más cerca que voy a poder estar de ti. ¡Qué ridiculo! ¿no?
Estoy dispuesto a aprenderme todas las canciones que salgan de tu boca, cada una de las notas que desafinadas me conducen a los sueños que devienen realidad.
El susto ya está en el cuerpo, ahora sólo queda recuperarse como quien sale de una operación de cataratas. Te encuentras de nuevo ante la imposibilidad de darle nombre a todo lo que eres capaz de ver.
Si supiera de veras que con todo esto consigo algo, no cesaría de escribirte las mil cartas que se me ocurren mandarte. Vale, es posible que en todas diga buenas y, en todas, las palabras al ordenarlas sugieran lo mismo. Me asombro yo mismo de mi capacidad para imitarme.
Sé que te estaba hablando de la niñera sudamericana que me hizo sonreír y de lo difícil que se me hace andar por la calle, pero se trata de decirte, ¿no?, que nunca me arrepentiré lo bastante de todo aquello que no hice bien y de todo lo que hice tan mal.
27 de mayo de 2009
diecisiete
He decidido no olvidarte, llevar siempre conmigo tu imagen. He decidido que seas la persona de mi vida, aunque no te vuelva a ver, aunque nunca más estés a mi lado. He decidido que todo lo que me rodea me recuerde a ti.
Leo tus cartas y es como si estuvieses a mi lado lanzándome las palabras al oído, como si tu mano se apoyara en mi rodilla. Para mí, tus cartas lo son todo. Y el silencio.
La estrategia será no decir nada, que el olvido haga su trabajo y borre de tu memoria mi figura y cree una imagen con forma de príncipe perdido.
Voy a poner a prueba la realidad, siempre he afirmado que sólo yo sabía la verdad, y será tal y como yo la describo, tal y como yo necesito que sea. Me doy cuenta de lo vacío que se siente cuando todo lo que tienes en tu vida son objetos.
Supongo que mi estrategia comenzará a dar frutos cuando ya todo sea imposible cambiarlo, pero qué más da, no soy capaz de imaginar otra situación peor.
No te puedo haber perdido para siempre.
18 de mayo de 2009
dieciseis
He decidido encerrarme en este trozo de papel e ir avanzando a golpe de tecla hacia un destino que tiene toda la pinta de ser más negro y decadente que el que juré ante tu cuerpo. Sólo me ilumina una bombilla de veinte vatios, ya apenas brillo más allá de mis gafas, y de fondo suena un grupo de pop que canta en español alguna canción que dispara lágrimas con metales, la nueva forma de matarnos como siempre.
Una tecla y paro otros diez minutos para contemplarme entero, desde lejos, con la distancia que me permite esta silla que sólo gira hacia la derecha. Es ese tipo de pausas que sólo sirven para que todo parezca aún más difícil que antes.
¿Qué es lo de antes? Y yo qué coño sé. Me gustaría pensar que lo de antes se pudiera borrar, que sólo hubiera que pulsar la palabra eliminar. Me gustaría también que lo de mañana fuera el resultado de lo de pasadomañana. Pero, bueno, ¿alguna vez se ha cumplido algo que yo haya pedido?
¿Por dónde andas? ¿De la mano de quién? No supe subirte a tiempo en el helicóptero que te tenía preparado, en el helicóptero que te permitiría ver con la suficiente distancia que me estaba apagando y que tú eras la única luz que ya me iluminaba. Ahora, a oscuras, tendré que arrastrar esta lampara de veinte vatios por si, sin querer, me pudieras ver.
El tipo de la canción me dice que todo se curará si duermo. No le creo. Pero bienvenido sea el sueño.
He dormido treinta años, ya sólo quedamos este folio y yo -todavía puedo recordarte-. Esta bombilla anda fundida, me entra una risa tonta. Caen lágrimas con metales de mi mejilla, debo de ser yo con la intención de olvidarte.
El tipo del grupo pop no dice nada más, alguien debió matarlo a la puerta de algún hotel, así que no volveré a dormir en la vida. Permaneceré con los ojos bien abiertos cuantos años hagan falta, hasta que te vea pasar por delante de la ventana que da al patio de luces.
No me hago ni puta gracia.
31 de marzo de 2009
quince
Me duermo en esta fantasía azul de todo lo que deseo. Cada vez me cuesta menos perder las cosas que más quiero, incluso un día te perdí. ¿Te das cuenta que poco cuesta quedarse solo?
Voy a seguir indagando en este sentimiento de absurda abnegación. El día menos pensado venderé mi cuerpo o me cortaré un miembro, o me cortaré un miembro para venderlo. Me haré actor porno y regalaré mi esperma a quien me lo pague. Me dejaré penetrar por el alma.
Luchando contra tus molinos he acabado por ser gigante de piedra, escultura de un Botero miope. Estoy casi seguro que me seguirás ignorando aunque acampe en tu vientre helado. Así que me rindo del todo y vagaré por las aceras como un asceta del primer mundo que pide cientos de miles de euros por caridad.
Despacio, dentro de este continuo absurdo que es mi cabeza, calculo que tu risa vendrá a mi oreja dentro de cien años, y entonces te diré bien fuerte que sólo era cuestión de esperar el tiempo suficiente.
17 de noviembre de 2008
catorce
Hoy debo comenzar a olvidarte. Debo correr el velo que tape los ojos y la cera que borre el sonido. ¿Y tus labios? Ya ni recuerdo cuando fueron míos.
¿Cuándo comenzaste a negarme? Oihd-h //xoick vh- ;ANWSIÇ U¿d'fptl..
29 de julio de 2008
trece
Mañana me voy a levantar temprano para fundar una ciudad de dos direcciones. Con el ímpetu de prohibirnos todo, esos individuos que se llaman nuestros representantes se toman la molestia de decirnos por donde debemos ir, qué dirección debemos tomar.
Yo digo no, quiero vivir en una ciudad donde nada te impida girar a la derecha, donde entre tú y tu sueño no haya una señal que te obligue a coger otra ruta.
¿Hacia donde quiero ir? Hacia el sitio que me dé la gana, tomando el camino que me dé la gana. Ni tú ni tu máximo gobernante me diréis nunca que por ahí no se llega a ninguna parte, porque he fundado esta ciudad para que nadie detenga el paso de nadie y salte a la vista que han muerto aquellos que juraban que harías lo que ellos quisieran.
Y hago lo que me viene en gana.
He creado una ciudad con dobles direcciones para que te dirijas hacia mi de frente o de costado y por detrás. La ciudad perfecta para que no desaparezcas tras las señales que me anulan. Es mi ciudad, la que hice mientras andaba por donde pisar supone no tener piernas.
Y salto entre los raíles de mi vía.
15 de febrero de 2008
doce
¿Oyes la música? No, estas demasiado lejos y ausente. Me recuerda a ti, casi podría decir que eres tú con otro nombre. ¿Me oyes a mí cuando grito? Se me apaga la voz y cuando vuelvas seré mudo, mi verso será la mano sobre el rostro. Aun no he tenido tiempo de sentirme solo. Comprende que te eche de menos en otro momento, ahora todo lo que nos separa es trabajo e ideas (que es otra manifestación del trabajo).
No sé qué quiero decirte, pero escucha la canción, que habla de ti y, quizá, contenga la solución a este problema mal definido. Cuando clavarme puñales no me consuela. Ya quisiera abarcarme lo suficiente para encontrar la almena desde donde verte.
Si supieras que esto que te digo tiene algún sentido (para mí) y que, confuso, avanzo cada día en una dirección que tarde o temprano me conducirá a ti (mi destino, mi llegada). Si pudieras, silenciando el mundo, percibir mi voz, un breve instante y, así, separarme del mundo.
Créeme, el cielo no se merece ni un solo segundo (aunque allí también sea gris), no se lo merece. ¿Puedes oír mi canción? Está en mi cuarto y suena para ti, porque ya no sé estar más triste.
Porque ya no sé estar más triste, llevo un año escribiéndote miles de cartas en dirección tu frente. Por eso llevo más de un año esperando que la respuesta no sea la patada en el cráneo y el insulto en los cojones. Pero va a ser que aunque nunca me entiendas, todo lo que digo se te grava en la memoria y el día menos pensado respondas, creyendo ser yo, que una sonrisa te romperá la faz como la flecha te rompió el sitio del alma.
21 de noviembre de 2007
once
¿Cuánto dura para siempre? ¿Hasta qué número sabe contar tu memoria? Se me hace muy larga esta noche y hoy he aprendido a olvidarte. Escribo sentado en una silla que sólo gira hacia la derecha y me dirijo hacia ninguna parte.
Cuando abriste la puerta para largarte en lo único que pude pensar fue en esa silla y las interminables horas que iba a pasar sentado en ella. ¿Cuánto dura para siempre? Para mí, durará hasta que vuelvas.
Escucho las teclas del ordenador mientras escribo sentado y girando a la derecha. Veo tu fotografía al pasar, veo el reloj descontando horas y vuelvo a mirar tu fotografía. Volverás cuando yo quiera que vuelvas: por favor, vuelve.